viernes, enero 27, 2006

Angustias conocidas


Si deseo romper con todo lo que me ata
tengo solo que gritarlo,
furia contenida que no escapa,
siendo todo màs difìcil de explicar,
de comprender,
de conocer.

Solo el sendero de piedades me ayuda
en este peregrinaje incansable
hacia la dicha,
que dista siglos de ausencia y soledad,
de làgrimas y perdones.

Semàforos en rojo
te reclaman que despiertes,
que muestres un poco de sinceridad,
de tu alma,
de tu vida.

Pero la intermitencia se desvanece...

Sin embargo,
yo sigo el juego de no ver,
por mi orgullo,
por mi desamparo,
y por esta loca pasiòn sangrienta
que me despedaza
en ciento de miserias conocidas.

lunes, noviembre 07, 2005

Viaje hacia tu alma


Cruzamos.
El aire claro del cieno
me empalagaba de gozo,
y mis manos
tiraban hacia arriba,
hacia tu cielo.
Te pedía un milagro,
un ensueño,
un retorno.
Miro a los costados:
veo restos de mi fracaso
cayendo en gotas heladas.
De todos modos
la nieve
cubre cada rastro de vida.
El radio de tu frente se despliega,
transformando mi luz
en un frágil navío,
perdido hacia arriba.
Y seguimos subiendo.
Mis pulmones
se multiplican en uvas doradas,
y siento crecer en mi interior
un ombú borracho de intrigas conocidas.
No puedo retroceder;
la boca del espacio
me atrae,
hasta poder ver sus estrellas moladas
que me reflejan
como en un laberinto.
Por única vez,
comprendí
el triste designio del querer
sin límites,
primero,
atemporal,
infinito,
único.
El deseo
fué el balazo abismal
que precipitó mi caída
hasta tus brazos.
El trino de tu voz
lo compuso todo.
Las velas se apagaron de un suspiro.
El silencio calló para siempre.

jueves, octubre 27, 2005

Doliente


Cristales que sanan.
Nubes tenues, pasteles.
Filas indias
que corren
por el tubo elílico de tu vientre.
Espejos,
sanos y rotos,
recojen tu imagen angulosa y opaca.
Peras aladas
que solo muestran una salida:
el hambre de ser.
La colisión llega sin anunciarse;
todo se estrella.
Las amatistas de tus dedos
me devoran,
y sus tactos oculares
se llagan de perlas y diamantes.
Aros bruscos que busco
y no logro descifrar...
Pesadillas imperturbables.
La décima palma del coral
lo dice todo.
Risas entrelineables.
El caramelo de tu magma vibra
a la deriva,
como un delfín desbocado.
¡Salud!
Tu pesar
me dicta un hilván de malvas,
y no cesa de croar
la campanilla del triste sereno.
Vela la noche.
Vela la luna.
Vela despierta.
Vela por eso.
No. La ciénaga ya se disipa,
apesadumbrada y crujiente
de asco y pavor.
El sauce se amilana
y llora.

martes, octubre 25, 2005

Fuego líquido


El zarpazo
me desentibió el alma.
Mi corazón no tiene armas
para la guerra pesada
de tus macabras ensoñaciones.
El fuego
se corrió de los senderos,
y las montañas
acostaron a sus niñas desnudas
de días ocres.
No fue la desdicha ni el perdón
lo que me oprimían;
solo tu escrito púdico de estrellas
me condenaba a quemar las cartas
de una vida de imaginarios soles.
Lluvia de ocarinas
y vientos angustiados
me dolían de sed y vacío.
Otro era el color de tu sombra,
apagada por el rayo
que sin pensarlo
me traspasó,
con el dolor del leopardo alocado
de tus ojos.
Digo el verbo al consumirme (el poeta no lo sabe),
pero no desespero.
El secreto de tu boca
se parece a mi recuerdo
de tibias olas espumadas
por los barcos,
que arrastran el sabor de tus palabras
hasta mi orilla.

viernes, octubre 21, 2005

Tres llaves


Tus altibajos
se disipan en la mirada cómplice
de mi nuca.
Fértil y herida,
la poesia de la misa
brincó los sueños chapuceros
de los dioses atiborrados de miel.
Solo humo
y palabras completas
interpretan tu metamorfosis
lúgubre y mordáz.
Pericia y calma-
la combinación exacta de tus debilidades.
El labio espacial de tus alas
se conecta a mi sien
en tres llaves ralas y oxidadas.
Arrojo mi veneno etrusco de cielo
y propongo un juego: el mirador mágico.
Ella se sorprende de mis zancos gigantes
y suelta una bandada de alondras
con el alma tejida de perlas.
Los autos no se detienen
y cortan el aire índigo
de su luna.
Me pienso en cien tilos de otoño,
y agoto mi esfera trunca
de miriñaques opalinos.
Se despertó la mañana
con la noche a cuestas,
y palideció el terciopelo
de tu whisky ambarino.
Yo,
de pié frente al espejo,
transmuto en serpiente de mercurio
para no verte.

miércoles, octubre 19, 2005

Orgasmo


Piel, cielo
Dedos, tiempo
Suave, tacto
Miel, tiemblo.

Semen, cuerpo
Ojos, bosques
Corazón, centro
nube, tiemblo.

Late, sueño
Vientre, besos
Abrazo, boca
Sexo, tiemblo.

Jing, deseo
Jing, completo
Luz, penumbra
Pienso, vuelo.

Grito, celos
Voz, misterio
Vida, duda
Pleno, tiemblo.

Fin, comienzo
Siento, dentro
Dios, sonrisa
Solo, tiemblo.

Es-tre-me-ci-miento.

lunes, octubre 17, 2005

Voraz entelequia del azur


Vaciaron tu mirada.
Te escogieron, y así
sufriste el trágico peregrinar
de días de olvido.

De rodillas,
comiste la tierra
y el polvo del dolor sepulcral,
y teñiste de rojo
tu propia sangre,
para redimir
el paso camaleónico
de tus voraces pensamientos.

Un águila
arranca tus dedos azules de rencor,
y devora los tentáculos de tu mente
de pulpo cavernario.
El sonido chirriante de la sangre
salpica la historia de mi vida,
inunda mi cúpula,
cierra las puertas de mi centro.

Me aniquila.
Me aprieta.
Me ahoga.
Me pulveriza.
Me arena.

viernes, octubre 14, 2005

Misterioso gris


Gritos.
Corren lágrimas de papel,
sin sabor.
El Espacio
transmuta su tiempo
sin aliento.
El alma
traga su lengua de serpiente
y se atraganta,
despacio,
con el aspecto único
de un desprecio rugoso y desteñido.
¡Si el árbol supiera
el sano refugio
que fuera en aquellos cielos!
La vida de una sola de sus células,
el canto de uno solo de sus poros
podrían soportar el sangriento cadalso
de ese cuerpo agrietado y sin olor.
Tuercen sus alas
las hojas quemadas de sus manos,
y se enredan
en los capullos de la peligrosa avaricia.

Dicen
que de su interior
surgió el salvador; no lo creyeron.
Pincharon con fuerza
sus ojos petrificados por la injusticia agreste
y rasgaron su nombre
en cientos de tristes historias.
El día agónico
despierta en cada sueño
y traspasa todo letargo somnoliento.
Discos turbios, miradas encendidas.
Sus seguidores no lo abandonan,
solo se ayunan
con el agua sabia
de la bendición cotidiana.
Pero el peligro siempre acecha,
como cíclope miasmal.
Turba, acero,
muerte,
oscuro frenesí
el de su corazón vencido.
Sin embargo,
yo escucho sus gritos...

martes, octubre 11, 2005

Te


Te surco de campos y valles.
Te creo en esmeraldas de silencio.
Te espio en colecciones de sueños.
Te derrito en glaciares perfumados.
Te imito con el canto de mis huellas.
Te siento en las flores de tu pelo.
Te pienso en cada puerta que abro.
Te recuerdo en cada gota de cielo.
Te digo en las palabras del deseo.
Te miento con los odios del pasado.
Te deliro con la lengua de mi tiempo.
Te protejo con el manto del recuerdo.
Te dibujo con la pluma de mis venas.
Te arrepiento con las lágrimas sedientas.
Te suplico de rodillas por tu brillo.
Te miro con los ojos de los años.
Te espero con el alma entre las manos.

jueves, octubre 06, 2005

Ser sediento


Yo fui prisionero (lo sé)
de tu vago recuerdo
y tu corte de plaza
se clava en mis puños rosados.
Techo una reliquia aprincesada
que se demora en la estación
de mis sueños,
pero no claudico;
solo parto hacia atrás,
donde el sigiloso bosque
me daba sus frutos calientes.
Pido la palabra
con tenacidad,
de cara a los muertos;
otros me tocan
pero no soy yo el que responde:
es mi sombra acanalada
que se estira sobre el cerro apinado de luz.
Un esquimal
se atora en la helada telaraña
de sus vivencias;
no puede ver la cubierta
de rostros acerados de esplín.
Placer, sabor,
desnudéz, fulgor,
¿de qué sirven
sino para el colapso intestino
de tu cáncer espiritual?

Poder.
Dicen que la sal
está presente en cada nido.
Yo los toco. No hay respuesta.
La mariposa
ríe de sus acrobacias,
y espera ser devorada
sin pena
por el enemigo frugal
que la vigila.
Tocan esa canción que nos une.
Se prisma la llama de mi son
y nos arrastra
hasta la orilla empetrolada
del olvido.
Pero ésto no tiene olvido
Se evapora.

martes, octubre 04, 2005

Sin Auroras


Toma este lirio,
que se apaga el precioso color
que te envuelve.
No te lastimes por tan poco
que solo para ésto te llaman.
Cielo fuerte, prisa calma.
La bahia se adelanta
hasta tu córnea feroz de fucsias,
y una pestaña de la costa
se pierde en el mar
de tu mirada.
¡Fácil es decirlo!
Si solo pudiera contar
todo lo que nos aqueja
dentro de esta caja de músculos y huesos vencidos.
Ellos poseen
la perpleja sabiduría de lo inocuo,
y es imposible
desterrar la carga dulce de mis oídos.
Bajo hasta lo hediondo de tu flaqueza,
y perjuro no volar en círculos
sobre tus negros cabellos.
Me apasiono ante tu negrura,
y abrazo una selva
para acallar mi locura infantil.
!Basta de subir!
¿Es que allí nace el deliro puro?
¿Dónde están mis gargantas
castigadas de mudez y pestilentes quejas?
Cien oidos tientan a la lluvia
con su música de espuma,
y la pulposa corola
se abre en fragmentos
sucios de miedo.
Ya lo sabía.
Siempre aparecen,
acobardados en trajes azules,
con sus rostros morados
por el estigma trágico
de una rosa púrpura.
Sigue la lengua
dejando su estela de saliva
sobre mis venas.
Me hiere,
como una navaja astuta,
arranca mis secretos,
y se adueña de la tosca razón,
el poder máximo que me persigue.
Nunca escuché su nombre en tablas de cera;
nunca espié su grácil estupor
de nutria prensil,
polígono traqueal,
espacio aturquesado.
Se apagan los silencios.
Solo cuenta el mar.

viernes, septiembre 30, 2005

Tus formas inciertas


Te reconozco por tu espesura.
Tienes la mirada torcida de angustia;
es el ayer que no te suelta,
cobayo apadronado por el hombre grácil
que se desprende de su coraza de espinas.
Cuatro focas perladas y sedientas
se fagocitan la espera
de agusanados días,
y no se aquietan
ni para el sueño clásico de la vida.

Se hinchan, se tuercen,
se menean, se imploran,
se dilatan, se lloran,
se apasionan, se pecan,
se piensan, se nombran.

Pudo el palio
construir una bocanada de aire
en mi interior amargo,
y por su derecha
se desplegó la cinta violácea de mi juventud,
arrasada por la bajeza del ser,
del otro próximo al yo ser.
No pude comprenderlo.
Me niego a sucumbir
en el pozo profundo y oscuro
del infierno pobre.

Seis espadas
se disparan desde el horizonte,
y cortan mi pensamiento
en tiras pecioladas e infinitas.
Se volatiliza mi ayuno,
curando el espanto casual
de un agradable amanecer
en sus brazos ensangrentados.

Perdón.
La gracia de la fatalidad no estalla,
sino el precio condenado
de la marca sagrada.
Si lo supiera,
no contaría cada gota
transpirada por tus piés
aletargados de lunas rojas.

jueves, septiembre 29, 2005

Sabiduría


Guarda tus inseguridades
que la calma
sana más que la inquietud.
Vasos claros
transportan el sabio jugo del deseo
sin consumirse.
Llueve en cintas,
llueve de perfil,
sin contacto con la tierra.
Los días son caminos-callejón
espinosos e irregulares.
No grites,
ni te agites
que la sangre sólo brotará
de sus bocas amargas.
Cobalto y ceguera no se mezclan.

martes, septiembre 27, 2005

Vida


Tres.
Vida a ciegas.
Vida en cueros.
Vida parcial. No vida.



Nueve.
Vida de pocos.
Vida de ternura, de piel.
vida de cubos y sed.



Diecinueve.
Vida de santos y velas.
Vida de florecer.
Vida de ser amor de vida.



Ventiseis.
Vida callada,
de prismas y películas apasionadas.
Vida de secretos.
Vida soga, en pos de vida.



Treinta.
Vida angustiada.
Vida preciada y sosegada por las vidas.
Vida de sangre y climas.
Vida precipitada hacia las vidas.



Cincuenta.
Vida pobre, línea de vida.
Vida gruesa, tristes días.
Agria vida, prisa viva.
Vida decadente, hacia tu vida.
Vida de muerte.

lunes, septiembre 26, 2005

A Vincent Van Gogh


Los almiares
lloran la llegada del hambre y la lluvia.
La estirpe cruel de su río
se regocija y pena.
Su pudor
acompañó la moraleja de una tarde
oscurecida por el temor y el fuego.
El tratamiento en círculos
desactivó el hechizo de las margaritas,
que dibujaron un horizonte de puentes blancos,
mientras las chimeneas
llamaban al castigo del letargo.
El lago se alejó
en otro día de polvo bajo
y cielo húmedo de almendras.
Un pájaro
tocó su desvelo.
Pintó un deseo triste.
Poco tiempo después,
los trigales
perforaron su cabeza
henchida de colores.
La marca de la sangre
se comió su dolor.
Las noches estrelladas lo recuerdan.

jueves, septiembre 22, 2005

Un solo letargo salvaje


Creí que solo llorabas
y te enredabas
en la cúpula de seda de tu mente.
Lo sabías,
era distinto al palpitar de tus manos,
y así te teñiste
de su dulzor salvaje.
Picó desde lo lejos
el sabor amargo
de las sagaces miradas,
pero mi barco te recibe
y te cobija en pétalos sagrados.
El llano rio se asombra
de tus gigantescas ropas
y te cubre con su lengua gris.
Yo, entretanto,
me duermo en selvas de antiguos recuerdos
que se precipitan
como pájaros sangrantes de delirio.
Calco una meduza de su boca,
y recibo luz eterna
como una sola venecia
incrustada en mi retina blanca.
Supe, desde el principio
el fin del comienzo.

miércoles, septiembre 21, 2005

Piedades y pecados


Vientos de felpa
acarician la escencia fija de mis palabras,
y sin esfuerzo
se agrietan los plieges
de nuestra mórbida pausa,
enfrentada con el cisne impávido
de tus respuestas.
Voces cristalinas de espanto
purifican el aire sacro
de las lluvias otoñales
que no despiertan nunca
en el cero débil del día.

Sin querer
miro dentro de mi pensamiento,
sin descubrir
el brujo despojo de viñas
agolpadas de sueños.
Oigo llantos,
oigo murmullos de cientos de grillos
empolvados por la espera trágica
de una campana blanca,
que atiza la tristeza de mi cuerpo cálido
y sumiso de dolor.

Ayer presencié el traspié
equinoxio de la maldad,
y nunca supe
de la generación capciosa
que meditaba salmos toscos
en tramos de gallo.

lunes, septiembre 19, 2005

Por el camino de lo oscuro


Oro de brillo,
pétalo de metal
cristalizado en veredas de lava
y de crestas inhóspitas.
Acuño mi sien
y no despierto
de aquel sueño terruño
que me dejó mudo de saliva.

Tiro al vacio
una paloma descerebrada de odio
y mido el musgo
de tu pálpito oscuro
y sin sabor.
Si se separan,
no verán la frescura
de la isla mágica
de mis manos
que se erectan
hasta llegar a tus ojos.

El amanecer rústico de mis días
se aclara en soles siameses
y famélicos de risas.
Y adorando tu espalda eterna de olvido,
siento como tu vientre
se hamaca en mis pupilas vacías.
Un cristo negro
se ensordece de millas,
agotando los pequeños azabaches
encrespados y sin filo.

Concéntricos


Caduca mi experiencia
en trípticos de ardor
y el espanto
se enjuga
con el alma voráz
de una daga espiralada.

No cantes turbios versos,
aquieta mi agonía espúrea
y suéltala en vívidos mantos
que las jirafas en llamas
supieron corporizar
en gasas espinosas.

A tiempo,
diez meñiscos se perfilan en cadena
hacia la mandálica columna de mi península,
deteriorando el sentido cáustico
del ser sin freno.

viernes, septiembre 16, 2005

Sin rumbo



Giros incompletos
planifican mi estabilidad
sin forma.
Cavilo,
sordo y estático
en el área macrocéntrica
del dolor ajeno.
Sigo,
sigo sin pausa
hacia otra ruta.
Algodonado de muerte
precipito mi delirio
en escaleras concéntricas,
telarañas de mi juventud paciente
e inerte,
invertida por la inquietud tácita
de tus cabellos.
Erectos de hastío,
tus colores no surgen,
solo escupen pasos anaranjados,
descalzos y perplejos
ante la ciega mirada
de tu magma.

jueves, septiembre 15, 2005

Pudiendo tenerte


Pudiendo tenerte
siento que te toco con mis letras
y te despierto de esa llanura gris
que te envuelve,
desierta y altiva.

Pudiendo tenerte
te cobijo con mis pétalos celestes
que solo apuran
la llegada de mi llama
encendida de gozo y celo.

Pudiendo tenerte
prefiero soportar el latir de un invierno helado,
y despertar en tus memorias tempranas
para jugar con tus estrellas
esas que siempre serán mias.

Pudiendo tenerte
te tengo, pero al reves,
donde el tiempo se detiene
y una sola mirada de tu centro
estalla en mi corazón que te espera.

Pudiendo tenerte
no te tengo,
pero tengo tu luz
tus dias
tus pensamientos
tus deseos.

Si no te tengo aquí y ahora
es como si te tuviera eternamente.

miércoles, septiembre 14, 2005

IV


Trigales que inquietan mis ojos
como lava salvaje
que brota de tu boca perfumada de sueños.
Dices que la fuiria está en ti.
Yo callo.
Solo rige mi ser en un estado sólido,
donde la fuerza son tus besos,
tus rezos,
tus días y tu tiempo.
Siento esa lava aclarando la noche,
dormida en la luna de tus cejas
que no se cansan de alabar mi centro.

La gracia de las perlas,
la sangría de las copas,
el manjar suave de tus manos.
Todo confluye en tu imagen
que solo se espeja en la mía,
con todos mis anhelos,
con mis venas,
con mis sueños,
con la dicha mayor de la tarde
recordada por millones de caras,
al desnudo,
como la piel ambarina de tus memorias.

El estrepitoso brotar de las velas
recuerda la llegada de la lluvia
que se hace espesa
en tu pelo azul.
Yo lo recorro silencioso
como manos en la arena
buscando la verdad del sol.

III



Solo pienso en la dulce agonía de tu espera,
aletargada en miles de minutos lentos
que se multiplican en las yemas de tus dedos,
como princesas aladas que despiertan
y lloran.

Tus dudas callan cada pensamiento oscuro
y solo el calor de mi esperanza
alivia el dolor naranja de tu Penélope en celo
que teje sedas incansables
hasta la muerte.

Me hiere tu desconsuelo;
siento el latir de tu risa
que enceguese mi rostro
desesperado de bocas.

Ya está cerca mi prisma de piel
que hará luz nuestra dicha más preciada,
aquella que todo lo puede,
en busca de aquel eterno sol de mar.

martes, septiembre 13, 2005

II


Juro no tocar con mis manos
el sagrado nácar de tu pupila celeste
que me traspasa como la lengua más ávida
del gozo de tu mente violeta.

Caricias alocadas
que destellan en mis dedos perlados,
como lentejuelas chinas
que marcan mi sendero hacia tu montaña.

Siento la vendimia más pacífica
que recorre mi nuca
como la oración sagrada
de mil noches rojas.

Se estrella la luna de tu cara.
Las luces de tu boca
se comen mi deseo más profundo.
Deseo contra deseo más deseo
se parece al Dios perfecto de los días.
Y solo lo encuentro en tu ser.

I


Sigo el hilo de tu mente,
y cada gota de cielo
me recuerda tu mirada,
que solo la luz del sol
reconoce en mi gruta naciente.

El agua de tus lineas salvajes
recorren el sabor de las uvas doradas,
ya amargas de espera,
hasta la llegada próxima
de la dulce vendimia,
que agita el dulzor de mi boca sedienta de lluvia.

Sin querer,
se desprende de mis manos
una bocanada de pájaros
que se desploma en tu corazón palpitante,
y forma mil corolas de espuma
en tu pelo azul de estrellas.

No preguntes,
solo deseo tu imagen en un solo momento
inmóvil, único e irrepetible
en el que tus ojos
parecen borrar todas las imágenes del mundo,
y solo reconocen
la marca del fuego voráz de nuestras vidas,
el amor sin límites.

miércoles, agosto 31, 2005

No se por qué no te sueño


No se por qué no te sueño...
Debe ser mi instinto
que me dice que siempre es real
lo que se desea fervientemente.

Quizás sea ese anhelado letargo en mi mente
que pinta formas desparejas.
Pero siempre estarás en ese espacio luminoso
con tus perlas perfumadas de luz.

Si no te encuentro
siento el largo astío del recuerdo.
Y no me conformo con un suspiro de recuerdos
ni con la espera del dia marcado en el que no creo.

Asi te siento,
y confio en el camino recorrido
de tu corazón que está años luz de mis sentidos,
llorando cada palabra, sintiendo cada latido.

Pero aún no se por qué no te sueño...