viernes, septiembre 30, 2005

Tus formas inciertas


Te reconozco por tu espesura.
Tienes la mirada torcida de angustia;
es el ayer que no te suelta,
cobayo apadronado por el hombre grácil
que se desprende de su coraza de espinas.
Cuatro focas perladas y sedientas
se fagocitan la espera
de agusanados días,
y no se aquietan
ni para el sueño clásico de la vida.

Se hinchan, se tuercen,
se menean, se imploran,
se dilatan, se lloran,
se apasionan, se pecan,
se piensan, se nombran.

Pudo el palio
construir una bocanada de aire
en mi interior amargo,
y por su derecha
se desplegó la cinta violácea de mi juventud,
arrasada por la bajeza del ser,
del otro próximo al yo ser.
No pude comprenderlo.
Me niego a sucumbir
en el pozo profundo y oscuro
del infierno pobre.

Seis espadas
se disparan desde el horizonte,
y cortan mi pensamiento
en tiras pecioladas e infinitas.
Se volatiliza mi ayuno,
curando el espanto casual
de un agradable amanecer
en sus brazos ensangrentados.

Perdón.
La gracia de la fatalidad no estalla,
sino el precio condenado
de la marca sagrada.
Si lo supiera,
no contaría cada gota
transpirada por tus piés
aletargados de lunas rojas.

jueves, septiembre 29, 2005

Sabiduría


Guarda tus inseguridades
que la calma
sana más que la inquietud.
Vasos claros
transportan el sabio jugo del deseo
sin consumirse.
Llueve en cintas,
llueve de perfil,
sin contacto con la tierra.
Los días son caminos-callejón
espinosos e irregulares.
No grites,
ni te agites
que la sangre sólo brotará
de sus bocas amargas.
Cobalto y ceguera no se mezclan.

martes, septiembre 27, 2005

Vida


Tres.
Vida a ciegas.
Vida en cueros.
Vida parcial. No vida.



Nueve.
Vida de pocos.
Vida de ternura, de piel.
vida de cubos y sed.



Diecinueve.
Vida de santos y velas.
Vida de florecer.
Vida de ser amor de vida.



Ventiseis.
Vida callada,
de prismas y películas apasionadas.
Vida de secretos.
Vida soga, en pos de vida.



Treinta.
Vida angustiada.
Vida preciada y sosegada por las vidas.
Vida de sangre y climas.
Vida precipitada hacia las vidas.



Cincuenta.
Vida pobre, línea de vida.
Vida gruesa, tristes días.
Agria vida, prisa viva.
Vida decadente, hacia tu vida.
Vida de muerte.

lunes, septiembre 26, 2005

A Vincent Van Gogh


Los almiares
lloran la llegada del hambre y la lluvia.
La estirpe cruel de su río
se regocija y pena.
Su pudor
acompañó la moraleja de una tarde
oscurecida por el temor y el fuego.
El tratamiento en círculos
desactivó el hechizo de las margaritas,
que dibujaron un horizonte de puentes blancos,
mientras las chimeneas
llamaban al castigo del letargo.
El lago se alejó
en otro día de polvo bajo
y cielo húmedo de almendras.
Un pájaro
tocó su desvelo.
Pintó un deseo triste.
Poco tiempo después,
los trigales
perforaron su cabeza
henchida de colores.
La marca de la sangre
se comió su dolor.
Las noches estrelladas lo recuerdan.

jueves, septiembre 22, 2005

Un solo letargo salvaje


Creí que solo llorabas
y te enredabas
en la cúpula de seda de tu mente.
Lo sabías,
era distinto al palpitar de tus manos,
y así te teñiste
de su dulzor salvaje.
Picó desde lo lejos
el sabor amargo
de las sagaces miradas,
pero mi barco te recibe
y te cobija en pétalos sagrados.
El llano rio se asombra
de tus gigantescas ropas
y te cubre con su lengua gris.
Yo, entretanto,
me duermo en selvas de antiguos recuerdos
que se precipitan
como pájaros sangrantes de delirio.
Calco una meduza de su boca,
y recibo luz eterna
como una sola venecia
incrustada en mi retina blanca.
Supe, desde el principio
el fin del comienzo.

miércoles, septiembre 21, 2005

Piedades y pecados


Vientos de felpa
acarician la escencia fija de mis palabras,
y sin esfuerzo
se agrietan los plieges
de nuestra mórbida pausa,
enfrentada con el cisne impávido
de tus respuestas.
Voces cristalinas de espanto
purifican el aire sacro
de las lluvias otoñales
que no despiertan nunca
en el cero débil del día.

Sin querer
miro dentro de mi pensamiento,
sin descubrir
el brujo despojo de viñas
agolpadas de sueños.
Oigo llantos,
oigo murmullos de cientos de grillos
empolvados por la espera trágica
de una campana blanca,
que atiza la tristeza de mi cuerpo cálido
y sumiso de dolor.

Ayer presencié el traspié
equinoxio de la maldad,
y nunca supe
de la generación capciosa
que meditaba salmos toscos
en tramos de gallo.

lunes, septiembre 19, 2005

Por el camino de lo oscuro


Oro de brillo,
pétalo de metal
cristalizado en veredas de lava
y de crestas inhóspitas.
Acuño mi sien
y no despierto
de aquel sueño terruño
que me dejó mudo de saliva.

Tiro al vacio
una paloma descerebrada de odio
y mido el musgo
de tu pálpito oscuro
y sin sabor.
Si se separan,
no verán la frescura
de la isla mágica
de mis manos
que se erectan
hasta llegar a tus ojos.

El amanecer rústico de mis días
se aclara en soles siameses
y famélicos de risas.
Y adorando tu espalda eterna de olvido,
siento como tu vientre
se hamaca en mis pupilas vacías.
Un cristo negro
se ensordece de millas,
agotando los pequeños azabaches
encrespados y sin filo.

Concéntricos


Caduca mi experiencia
en trípticos de ardor
y el espanto
se enjuga
con el alma voráz
de una daga espiralada.

No cantes turbios versos,
aquieta mi agonía espúrea
y suéltala en vívidos mantos
que las jirafas en llamas
supieron corporizar
en gasas espinosas.

A tiempo,
diez meñiscos se perfilan en cadena
hacia la mandálica columna de mi península,
deteriorando el sentido cáustico
del ser sin freno.

viernes, septiembre 16, 2005

Sin rumbo



Giros incompletos
planifican mi estabilidad
sin forma.
Cavilo,
sordo y estático
en el área macrocéntrica
del dolor ajeno.
Sigo,
sigo sin pausa
hacia otra ruta.
Algodonado de muerte
precipito mi delirio
en escaleras concéntricas,
telarañas de mi juventud paciente
e inerte,
invertida por la inquietud tácita
de tus cabellos.
Erectos de hastío,
tus colores no surgen,
solo escupen pasos anaranjados,
descalzos y perplejos
ante la ciega mirada
de tu magma.

jueves, septiembre 15, 2005

Pudiendo tenerte


Pudiendo tenerte
siento que te toco con mis letras
y te despierto de esa llanura gris
que te envuelve,
desierta y altiva.

Pudiendo tenerte
te cobijo con mis pétalos celestes
que solo apuran
la llegada de mi llama
encendida de gozo y celo.

Pudiendo tenerte
prefiero soportar el latir de un invierno helado,
y despertar en tus memorias tempranas
para jugar con tus estrellas
esas que siempre serán mias.

Pudiendo tenerte
te tengo, pero al reves,
donde el tiempo se detiene
y una sola mirada de tu centro
estalla en mi corazón que te espera.

Pudiendo tenerte
no te tengo,
pero tengo tu luz
tus dias
tus pensamientos
tus deseos.

Si no te tengo aquí y ahora
es como si te tuviera eternamente.

miércoles, septiembre 14, 2005

IV


Trigales que inquietan mis ojos
como lava salvaje
que brota de tu boca perfumada de sueños.
Dices que la fuiria está en ti.
Yo callo.
Solo rige mi ser en un estado sólido,
donde la fuerza son tus besos,
tus rezos,
tus días y tu tiempo.
Siento esa lava aclarando la noche,
dormida en la luna de tus cejas
que no se cansan de alabar mi centro.

La gracia de las perlas,
la sangría de las copas,
el manjar suave de tus manos.
Todo confluye en tu imagen
que solo se espeja en la mía,
con todos mis anhelos,
con mis venas,
con mis sueños,
con la dicha mayor de la tarde
recordada por millones de caras,
al desnudo,
como la piel ambarina de tus memorias.

El estrepitoso brotar de las velas
recuerda la llegada de la lluvia
que se hace espesa
en tu pelo azul.
Yo lo recorro silencioso
como manos en la arena
buscando la verdad del sol.

III



Solo pienso en la dulce agonía de tu espera,
aletargada en miles de minutos lentos
que se multiplican en las yemas de tus dedos,
como princesas aladas que despiertan
y lloran.

Tus dudas callan cada pensamiento oscuro
y solo el calor de mi esperanza
alivia el dolor naranja de tu Penélope en celo
que teje sedas incansables
hasta la muerte.

Me hiere tu desconsuelo;
siento el latir de tu risa
que enceguese mi rostro
desesperado de bocas.

Ya está cerca mi prisma de piel
que hará luz nuestra dicha más preciada,
aquella que todo lo puede,
en busca de aquel eterno sol de mar.

martes, septiembre 13, 2005

II


Juro no tocar con mis manos
el sagrado nácar de tu pupila celeste
que me traspasa como la lengua más ávida
del gozo de tu mente violeta.

Caricias alocadas
que destellan en mis dedos perlados,
como lentejuelas chinas
que marcan mi sendero hacia tu montaña.

Siento la vendimia más pacífica
que recorre mi nuca
como la oración sagrada
de mil noches rojas.

Se estrella la luna de tu cara.
Las luces de tu boca
se comen mi deseo más profundo.
Deseo contra deseo más deseo
se parece al Dios perfecto de los días.
Y solo lo encuentro en tu ser.

I


Sigo el hilo de tu mente,
y cada gota de cielo
me recuerda tu mirada,
que solo la luz del sol
reconoce en mi gruta naciente.

El agua de tus lineas salvajes
recorren el sabor de las uvas doradas,
ya amargas de espera,
hasta la llegada próxima
de la dulce vendimia,
que agita el dulzor de mi boca sedienta de lluvia.

Sin querer,
se desprende de mis manos
una bocanada de pájaros
que se desploma en tu corazón palpitante,
y forma mil corolas de espuma
en tu pelo azul de estrellas.

No preguntes,
solo deseo tu imagen en un solo momento
inmóvil, único e irrepetible
en el que tus ojos
parecen borrar todas las imágenes del mundo,
y solo reconocen
la marca del fuego voráz de nuestras vidas,
el amor sin límites.