Concéntricos

Caduca mi experiencia
en trípticos de ardor
y el espanto
se enjuga
con el alma voráz
de una daga espiralada.
No cantes turbios versos,
aquieta mi agonía espúrea
y suéltala en vívidos mantos
que las jirafas en llamas
supieron corporizar
en gasas espinosas.
A tiempo,
diez meñiscos se perfilan en cadena
hacia la mandálica columna de mi península,
deteriorando el sentido cáustico
del ser sin freno.





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