martes, septiembre 13, 2005

II


Juro no tocar con mis manos
el sagrado nácar de tu pupila celeste
que me traspasa como la lengua más ávida
del gozo de tu mente violeta.

Caricias alocadas
que destellan en mis dedos perlados,
como lentejuelas chinas
que marcan mi sendero hacia tu montaña.

Siento la vendimia más pacífica
que recorre mi nuca
como la oración sagrada
de mil noches rojas.

Se estrella la luna de tu cara.
Las luces de tu boca
se comen mi deseo más profundo.
Deseo contra deseo más deseo
se parece al Dios perfecto de los días.
Y solo lo encuentro en tu ser.

1 Comments:

Blogger Ramiego said...

Preciosos tus escritos. Prometo visitarte más seguido y comentar al respecto...

11:38 AM  

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