miércoles, septiembre 14, 2005

III



Solo pienso en la dulce agonía de tu espera,
aletargada en miles de minutos lentos
que se multiplican en las yemas de tus dedos,
como princesas aladas que despiertan
y lloran.

Tus dudas callan cada pensamiento oscuro
y solo el calor de mi esperanza
alivia el dolor naranja de tu Penélope en celo
que teje sedas incansables
hasta la muerte.

Me hiere tu desconsuelo;
siento el latir de tu risa
que enceguese mi rostro
desesperado de bocas.

Ya está cerca mi prisma de piel
que hará luz nuestra dicha más preciada,
aquella que todo lo puede,
en busca de aquel eterno sol de mar.