IV

Trigales que inquietan mis ojos
como lava salvaje
que brota de tu boca perfumada de sueños.
Dices que la fuiria está en ti.
Yo callo.
Solo rige mi ser en un estado sólido,
donde la fuerza son tus besos,
tus rezos,
tus días y tu tiempo.
Siento esa lava aclarando la noche,
dormida en la luna de tus cejas
que no se cansan de alabar mi centro.
La gracia de las perlas,
la sangría de las copas,
el manjar suave de tus manos.
Todo confluye en tu imagen
que solo se espeja en la mía,
con todos mis anhelos,
con mis venas,
con mis sueños,
con la dicha mayor de la tarde
recordada por millones de caras,
al desnudo,
como la piel ambarina de tus memorias.
El estrepitoso brotar de las velas
recuerda la llegada de la lluvia
que se hace espesa
en tu pelo azul.
Yo lo recorro silencioso
como manos en la arena
buscando la verdad del sol.





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