miércoles, septiembre 21, 2005

Piedades y pecados


Vientos de felpa
acarician la escencia fija de mis palabras,
y sin esfuerzo
se agrietan los plieges
de nuestra mórbida pausa,
enfrentada con el cisne impávido
de tus respuestas.
Voces cristalinas de espanto
purifican el aire sacro
de las lluvias otoñales
que no despiertan nunca
en el cero débil del día.

Sin querer
miro dentro de mi pensamiento,
sin descubrir
el brujo despojo de viñas
agolpadas de sueños.
Oigo llantos,
oigo murmullos de cientos de grillos
empolvados por la espera trágica
de una campana blanca,
que atiza la tristeza de mi cuerpo cálido
y sumiso de dolor.

Ayer presencié el traspié
equinoxio de la maldad,
y nunca supe
de la generación capciosa
que meditaba salmos toscos
en tramos de gallo.