jueves, octubre 27, 2005

Doliente


Cristales que sanan.
Nubes tenues, pasteles.
Filas indias
que corren
por el tubo elílico de tu vientre.
Espejos,
sanos y rotos,
recojen tu imagen angulosa y opaca.
Peras aladas
que solo muestran una salida:
el hambre de ser.
La colisión llega sin anunciarse;
todo se estrella.
Las amatistas de tus dedos
me devoran,
y sus tactos oculares
se llagan de perlas y diamantes.
Aros bruscos que busco
y no logro descifrar...
Pesadillas imperturbables.
La décima palma del coral
lo dice todo.
Risas entrelineables.
El caramelo de tu magma vibra
a la deriva,
como un delfín desbocado.
¡Salud!
Tu pesar
me dicta un hilván de malvas,
y no cesa de croar
la campanilla del triste sereno.
Vela la noche.
Vela la luna.
Vela despierta.
Vela por eso.
No. La ciénaga ya se disipa,
apesadumbrada y crujiente
de asco y pavor.
El sauce se amilana
y llora.

martes, octubre 25, 2005

Fuego líquido


El zarpazo
me desentibió el alma.
Mi corazón no tiene armas
para la guerra pesada
de tus macabras ensoñaciones.
El fuego
se corrió de los senderos,
y las montañas
acostaron a sus niñas desnudas
de días ocres.
No fue la desdicha ni el perdón
lo que me oprimían;
solo tu escrito púdico de estrellas
me condenaba a quemar las cartas
de una vida de imaginarios soles.
Lluvia de ocarinas
y vientos angustiados
me dolían de sed y vacío.
Otro era el color de tu sombra,
apagada por el rayo
que sin pensarlo
me traspasó,
con el dolor del leopardo alocado
de tus ojos.
Digo el verbo al consumirme (el poeta no lo sabe),
pero no desespero.
El secreto de tu boca
se parece a mi recuerdo
de tibias olas espumadas
por los barcos,
que arrastran el sabor de tus palabras
hasta mi orilla.

viernes, octubre 21, 2005

Tres llaves


Tus altibajos
se disipan en la mirada cómplice
de mi nuca.
Fértil y herida,
la poesia de la misa
brincó los sueños chapuceros
de los dioses atiborrados de miel.
Solo humo
y palabras completas
interpretan tu metamorfosis
lúgubre y mordáz.
Pericia y calma-
la combinación exacta de tus debilidades.
El labio espacial de tus alas
se conecta a mi sien
en tres llaves ralas y oxidadas.
Arrojo mi veneno etrusco de cielo
y propongo un juego: el mirador mágico.
Ella se sorprende de mis zancos gigantes
y suelta una bandada de alondras
con el alma tejida de perlas.
Los autos no se detienen
y cortan el aire índigo
de su luna.
Me pienso en cien tilos de otoño,
y agoto mi esfera trunca
de miriñaques opalinos.
Se despertó la mañana
con la noche a cuestas,
y palideció el terciopelo
de tu whisky ambarino.
Yo,
de pié frente al espejo,
transmuto en serpiente de mercurio
para no verte.

miércoles, octubre 19, 2005

Orgasmo


Piel, cielo
Dedos, tiempo
Suave, tacto
Miel, tiemblo.

Semen, cuerpo
Ojos, bosques
Corazón, centro
nube, tiemblo.

Late, sueño
Vientre, besos
Abrazo, boca
Sexo, tiemblo.

Jing, deseo
Jing, completo
Luz, penumbra
Pienso, vuelo.

Grito, celos
Voz, misterio
Vida, duda
Pleno, tiemblo.

Fin, comienzo
Siento, dentro
Dios, sonrisa
Solo, tiemblo.

Es-tre-me-ci-miento.

lunes, octubre 17, 2005

Voraz entelequia del azur


Vaciaron tu mirada.
Te escogieron, y así
sufriste el trágico peregrinar
de días de olvido.

De rodillas,
comiste la tierra
y el polvo del dolor sepulcral,
y teñiste de rojo
tu propia sangre,
para redimir
el paso camaleónico
de tus voraces pensamientos.

Un águila
arranca tus dedos azules de rencor,
y devora los tentáculos de tu mente
de pulpo cavernario.
El sonido chirriante de la sangre
salpica la historia de mi vida,
inunda mi cúpula,
cierra las puertas de mi centro.

Me aniquila.
Me aprieta.
Me ahoga.
Me pulveriza.
Me arena.

viernes, octubre 14, 2005

Misterioso gris


Gritos.
Corren lágrimas de papel,
sin sabor.
El Espacio
transmuta su tiempo
sin aliento.
El alma
traga su lengua de serpiente
y se atraganta,
despacio,
con el aspecto único
de un desprecio rugoso y desteñido.
¡Si el árbol supiera
el sano refugio
que fuera en aquellos cielos!
La vida de una sola de sus células,
el canto de uno solo de sus poros
podrían soportar el sangriento cadalso
de ese cuerpo agrietado y sin olor.
Tuercen sus alas
las hojas quemadas de sus manos,
y se enredan
en los capullos de la peligrosa avaricia.

Dicen
que de su interior
surgió el salvador; no lo creyeron.
Pincharon con fuerza
sus ojos petrificados por la injusticia agreste
y rasgaron su nombre
en cientos de tristes historias.
El día agónico
despierta en cada sueño
y traspasa todo letargo somnoliento.
Discos turbios, miradas encendidas.
Sus seguidores no lo abandonan,
solo se ayunan
con el agua sabia
de la bendición cotidiana.
Pero el peligro siempre acecha,
como cíclope miasmal.
Turba, acero,
muerte,
oscuro frenesí
el de su corazón vencido.
Sin embargo,
yo escucho sus gritos...

martes, octubre 11, 2005

Te


Te surco de campos y valles.
Te creo en esmeraldas de silencio.
Te espio en colecciones de sueños.
Te derrito en glaciares perfumados.
Te imito con el canto de mis huellas.
Te siento en las flores de tu pelo.
Te pienso en cada puerta que abro.
Te recuerdo en cada gota de cielo.
Te digo en las palabras del deseo.
Te miento con los odios del pasado.
Te deliro con la lengua de mi tiempo.
Te protejo con el manto del recuerdo.
Te dibujo con la pluma de mis venas.
Te arrepiento con las lágrimas sedientas.
Te suplico de rodillas por tu brillo.
Te miro con los ojos de los años.
Te espero con el alma entre las manos.

jueves, octubre 06, 2005

Ser sediento


Yo fui prisionero (lo sé)
de tu vago recuerdo
y tu corte de plaza
se clava en mis puños rosados.
Techo una reliquia aprincesada
que se demora en la estación
de mis sueños,
pero no claudico;
solo parto hacia atrás,
donde el sigiloso bosque
me daba sus frutos calientes.
Pido la palabra
con tenacidad,
de cara a los muertos;
otros me tocan
pero no soy yo el que responde:
es mi sombra acanalada
que se estira sobre el cerro apinado de luz.
Un esquimal
se atora en la helada telaraña
de sus vivencias;
no puede ver la cubierta
de rostros acerados de esplín.
Placer, sabor,
desnudéz, fulgor,
¿de qué sirven
sino para el colapso intestino
de tu cáncer espiritual?

Poder.
Dicen que la sal
está presente en cada nido.
Yo los toco. No hay respuesta.
La mariposa
ríe de sus acrobacias,
y espera ser devorada
sin pena
por el enemigo frugal
que la vigila.
Tocan esa canción que nos une.
Se prisma la llama de mi son
y nos arrastra
hasta la orilla empetrolada
del olvido.
Pero ésto no tiene olvido
Se evapora.

martes, octubre 04, 2005

Sin Auroras


Toma este lirio,
que se apaga el precioso color
que te envuelve.
No te lastimes por tan poco
que solo para ésto te llaman.
Cielo fuerte, prisa calma.
La bahia se adelanta
hasta tu córnea feroz de fucsias,
y una pestaña de la costa
se pierde en el mar
de tu mirada.
¡Fácil es decirlo!
Si solo pudiera contar
todo lo que nos aqueja
dentro de esta caja de músculos y huesos vencidos.
Ellos poseen
la perpleja sabiduría de lo inocuo,
y es imposible
desterrar la carga dulce de mis oídos.
Bajo hasta lo hediondo de tu flaqueza,
y perjuro no volar en círculos
sobre tus negros cabellos.
Me apasiono ante tu negrura,
y abrazo una selva
para acallar mi locura infantil.
!Basta de subir!
¿Es que allí nace el deliro puro?
¿Dónde están mis gargantas
castigadas de mudez y pestilentes quejas?
Cien oidos tientan a la lluvia
con su música de espuma,
y la pulposa corola
se abre en fragmentos
sucios de miedo.
Ya lo sabía.
Siempre aparecen,
acobardados en trajes azules,
con sus rostros morados
por el estigma trágico
de una rosa púrpura.
Sigue la lengua
dejando su estela de saliva
sobre mis venas.
Me hiere,
como una navaja astuta,
arranca mis secretos,
y se adueña de la tosca razón,
el poder máximo que me persigue.
Nunca escuché su nombre en tablas de cera;
nunca espié su grácil estupor
de nutria prensil,
polígono traqueal,
espacio aturquesado.
Se apagan los silencios.
Solo cuenta el mar.