viernes, octubre 21, 2005

Tres llaves


Tus altibajos
se disipan en la mirada cómplice
de mi nuca.
Fértil y herida,
la poesia de la misa
brincó los sueños chapuceros
de los dioses atiborrados de miel.
Solo humo
y palabras completas
interpretan tu metamorfosis
lúgubre y mordáz.
Pericia y calma-
la combinación exacta de tus debilidades.
El labio espacial de tus alas
se conecta a mi sien
en tres llaves ralas y oxidadas.
Arrojo mi veneno etrusco de cielo
y propongo un juego: el mirador mágico.
Ella se sorprende de mis zancos gigantes
y suelta una bandada de alondras
con el alma tejida de perlas.
Los autos no se detienen
y cortan el aire índigo
de su luna.
Me pienso en cien tilos de otoño,
y agoto mi esfera trunca
de miriñaques opalinos.
Se despertó la mañana
con la noche a cuestas,
y palideció el terciopelo
de tu whisky ambarino.
Yo,
de pié frente al espejo,
transmuto en serpiente de mercurio
para no verte.