lunes, noviembre 07, 2005

Viaje hacia tu alma


Cruzamos.
El aire claro del cieno
me empalagaba de gozo,
y mis manos
tiraban hacia arriba,
hacia tu cielo.
Te pedía un milagro,
un ensueño,
un retorno.
Miro a los costados:
veo restos de mi fracaso
cayendo en gotas heladas.
De todos modos
la nieve
cubre cada rastro de vida.
El radio de tu frente se despliega,
transformando mi luz
en un frágil navío,
perdido hacia arriba.
Y seguimos subiendo.
Mis pulmones
se multiplican en uvas doradas,
y siento crecer en mi interior
un ombú borracho de intrigas conocidas.
No puedo retroceder;
la boca del espacio
me atrae,
hasta poder ver sus estrellas moladas
que me reflejan
como en un laberinto.
Por única vez,
comprendí
el triste designio del querer
sin límites,
primero,
atemporal,
infinito,
único.
El deseo
fué el balazo abismal
que precipitó mi caída
hasta tus brazos.
El trino de tu voz
lo compuso todo.
Las velas se apagaron de un suspiro.
El silencio calló para siempre.